Una descripción del lugar

Se me ocurre una descripción del lugar. El ojo de agua a la orilla del cerro uritorco, a poco kilómetros de capilla del monte.

Estuviste subiendo mucho, cada vez más arriba, con vistas panorámicas del gran uritorco, donde dicen que dicen que alguien vio un platillo volador entrando a la ciudad interior de erks. Pero allí hay cerros nomás, hermosos montes en planos de verdes intensos, manchones marrones, perspectivas fugadas hacia lo alto, donde una curva, un montículo te descubre una nueva perspectiva, tres nuevos cerros, otra nueva cara del gran uritorco. Indio echado, cristal gigante, cuna galáctica, lo que cada uno pueda ver.

La zona es árida, seca, llena de espinos y espinas, de pajonales secos y tierra con piedras duras y otra vez secas. Pero te acercas a ojo de agua y el verde va aumentando. Las plantas van cambiando, todo se va poniendo húmedo y blando. Los aguaribay cuelgan sus pimientos rojos, hay mariposas blancas y amarillas en reunión sobre una charca, la tierra empieza a humedecerse con hilos de agua brotando.

Son dos palos como columnas y un tercero de travesaño los que indican la entrada al templo. ¿Portal mágico? Pero es recién un kilómetro delante donde llegas al dojo, el lugar para hacer zazen. No hay nada especial para ver allí, un gran espacio vacío con la gran campana custodiando. Si embargo, para quien haya estado haciendo zazen alguna vez allí, es distinto, es el sitio del templo.

Pero sigues, y llegas a la plaza Deshimaru. Donde un espiral de árboles, caminitos, escaleras y canteros te dejan justo en el centro. Pero de qué.

La barra de un bar tiene algo de irreal en medio de este lugar cercado de agua, árboles y piedras.

Entonces el arroyo pasa incansable, rumorea un idioma antiguo que, cuando pones los pies en él, se comienza a traducir. Inolvidable por las noches el concierto de ranas, como ráfagas, coros, cánones, borbotones de agua vibrando. Y después, el silencio nocturno -cuando no hay fiesta- grave y entero.

El templo es un lugar planetario, donde conviven seres de esa dimensión desacostumbrada en el urbe: el arroyo, la montaña, las estrellas.

En la noche, una luz verde se aproxima desde el espacio sideral a velocidad constante. Viene hacia nosotros. Un momento de espanto. Y llega. Es una luciérnaga  gigante, con dos ojos luminosos. Amistosa, acota: -vengo de este mundo.

Por el bodhisattva Juan Pedro Fuku Zen, de provincia de Buenos Aires.

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